El rio Segre, el principal afluente del Ebro en su paso por Lleida, da nombre a esta joven y poco conocida Denominación de Origen Protegida donde podemos encontrar auténticas joyas vitivinícolas.

Como ocurre en muchas otras zonas vitivinícolas, las colindantes adquieren un protagonismo que muchas veces eclipsan el trabajo y el esfuerzo, además de los resultados. Esto ha pasado y pasa con Costers del Segre que ha tenido que picar mucha piedra para ser reflejo, referente y profeta en su propia tierra. Afortunadamente, esto está cambiando gracias al esfuerzo colectivo e individual de muchas bodegas.
Pero empecemos haciendo un breve repaso de como nace este sello de marca. Recordemos la ubicación: Lleida. Las vías de comercialización en Cataluña se han extendido más por Barcelona o Girona y, Lleida se queda en un tímido segundo plano. Esto no viene de ahora. Durante siglos, su lejanía con los puertos marítimos hizo que los vinos elaborados en esta zona adquiriesen rasgos particulares. Esto junto con la introducción de variedades foráneas junto a las propias, aun marcaron más diferencias.
El INCAVI, de la mano de su director en 1983, Jaume Siurana, por parte de la administración y el empresario Manuel Raventós, por la parte privada, dieron el empujón definitivo para constituir lo que hoy conocemos como Costers del Segre. Tras la constitución, ratificación y ampliación, el ámbito geográfico queda definido en siete subzonas: Artesa de Segre, Urgell, Garrigues, Pallars Jussà, Raimat, Segrià i Valls del Riu Corb.
Es precisamente esta subdivisión la que hace que los vinos de Costers del Segre puedan tener características tan diferentes. Orografía diferente, climatología diferente, suelos diferentes, insolación elevada, la humedad persistente de la niebla y lo que esto conlleva y, las altitudes. Por poner un ejemplo, los vinos de Garrigues, al sur del mapa son muy diferentes de los de Pallars, al norte y más pirenaicos. Estamos hablando de una diferencia entre los 200 y los 1100 metros de altitud.
Son 4000 hectáreas con un máximo de producción de 120 hectolitros por hectárea. Esto además de estar dividido en siete, como ya hemos comentado, se subdivide en las actuales 36 bodegas incardinadas en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Costers del Segre.
Otro de los factores diferenciadores son las variedades cultivadas en esta Denominación de Origen que, para algunos, no tiene una identidad varietal como ocurre con otras Denominaciones de Origen catalanas. Pero, como hemos dicho es para algunos. Lo cierto es que las variedades blancas aceptadas son: Macabeu, Xarel·lo, Parellada, Chardonay, Garnacha Blanca, Riesling, Sauvignon Blanc, Moscatel de Alejandría, Malvasia, Gewürztraminer, Albariño, Moscatel de Grano Menudo, Chenin, Viognier, Verdejo y Godello. En el caso de las tintas: Garnacha Negra, Tempranillo, Cabernet Saugvinon, Merlot, Monastrell, Trepat, Cariñena, Pinot Noir, Syrah, Cabernet Franc, Garnacha Tintorera, Petit Verdot y Malbec.
Es cierto, que algunas bodegas están apostando claramente por variedades más de aquí monovarietales o bivarietales, pero, también nos encontramos con vinos plurivarietales o con variedades que son más propias de otras regiones y que propician que el grupo del que hemos hablado antes hable de vinos sin identidad varietal.
También se ha tenido que lidiar con el estigma de los vinos de mucho volumen y a un precio bajo, con una calidad media o baja, pero con mucha presencia en el mercado, especialmente en lineales. Y como hemos dicho al principio, hay enormes vinos en Costers del Segre que están esperando a ser conocidos y disfrutados. Para ello, el Consejo Regulador está haciendo una clara apuesta de promoción como ha sido el Primer Concurso de Vinos de Costers del Segre o como la participación en Ferias de Vino tan importantes como la de Juneda o la Fiesta de la Vendimia y el Vino de Verdú.
El carácter luchador del reelegido Presidente de la Denominación, el bodeguero Tomás Cusiné, la apuesta por la recuperación de patrimonio vitivinícola de Lleida o el destacado trabajo de promoción del sommelier Jordi Martínez, hacen que cada vez más, los vinos de Costers del Segre estén en boca de todos, figurada y literalmente hablando.
Personalmente opino que en Costers del Segre coexisten muchas identidades y muchas maneras de ver el vino, con rasgos que definen bodegas y terroirs, que convierten esta región vitivinícola en inmensamente rica. Os dejo una algunas referencias para tener en cuenta y, en muchos casos, para descubrir.
Ciclic es un blanco elaborado por La Gravera con garnacha blanca y que se desmarca de las tipicidades de esta variedad en otras zonas.
Recuerdo el Biu Pinot Noir de Batlliu de Sort como una rareza cuando salió su primera añada al mercado. Osado y singular.
Puede que Raúl Bobet y su Castell d’Encús haya sido el más transgresor con las variedades en la zona y su trabajo, es sin duda, uno de los más destacables como muestra su Taleia de Sauvignon Blanc.
Garnacha, cabernet y merlot son las protagonistas del Estrats de Cérvoles. Destacable tinto, enormemente expresivo y a probar si no se conoce.
Marquesa se hace con Picapoll Blanc y es un brisado (orange wine). Eva, desde siempre, ha ido uno poco a su aire y Comalats es una de esas bodegas libres.
Siempre impactante la potencia de Roc Nu de Clos Pons. Cabernet sauvignon, garnacha y tempranillo de larga crianza y vida.
La macabeo en barrica de roble es la protagonista de V89 de Celler L’Olivera. Complejo y con buena capacidad de envejecimiento.
En todas las añadas que he probado, el Oda Blanc de Castell del Remei, he encontrado equilibrio. Volumen en este macabeo con chardonnay.
Es obvio que dejo varias bodegas y vinos en el tintero, pero en este caso es de lo más intencionado para invitar al lector a trasladarse y conocer Costers del Segre.
NOTA: Como todos sabeis, Vinos y Restaurantes es una revista impresa por lo que añado las imágenes del artículo en su número 253 de Septiembre de 2023.



