Un cliente me pide un vino. Una elección excelente, para ser sincero. Por su singularidad, pienso que el cliente sabe lo que pide.
Cambio de opinión al ver como coge la copa y como la agita desenfrenadamente en movimientos de vaivén en lugar de concéntricamente. Lo prueba y me dice:
Nunca fallan los vinos de ALTA DEFINICIÓN

