Y es que nos preguntan por un vino del norte de España y nos sale automáticamente el albariño refiriéndonos a algunas de las Denominaciones de Origen de la Comunidad Autónoma de Galicia, pero, hay más. Hoy conoceremos un poquito, Asturias, Cantabria y Euskadi.
Que se hacen buenos vinos en el vasto mosaico de la cultura vitivinícola española es un hecho más que constatable. Pero, no todas las regiones de nuestro mapa son conocidas por sus vinos y nos vienen a la cabeza ciertas denominaciones, sobre todo las que empiezan por “R” y las demás zonas están relegadas a un tímido segundo o tercer plano. Esto poco tiene que ver con la calidad de sus vinos, tan solo con su expansión comercial y de marca. Que sí. Que hay vinos que no son tan buenos, pero, en todas partes cuecen habas.
Asturias
Si hablamos de Asturias probablemente pensemos en su sidra y en su fabada, ambas maravillosas, pero poco conocemos de sus vinos ya que asociamos un paisaje montañoso y un mar embravecido, pero no una copa de vino. Allí también practican la viticultura de montaña o heroica. Un paisaje tan pintoresco y bucólico como accidentado hace que los viticultores sean auténticos héroes ya que va todo “a mano” si o sí. Solo hay que ver algunas de las imágenes que muestran las escarpadas laderas, las pequeñas y diseminadas parcelas y todo esto acompañado de unas condiciones climáticas adversas y que en nada ayudan a la proliferación de la práctica vitivinícola.
Aunque la tradición vitivinícola en Asturias se remonta a siglos atrás, la industria vinícola de la región ha experimentado un renacimiento en las últimas décadas. Los viticultores y enólogos asturianos combinan hábilmente las técnicas tradicionales con la innovación moderna para producir vinos que reflejan tanto el carácter histórico de la región como su espíritu creativo y dinámico. En la actualidad son solamente 8 las bodegas adscritas a esta Denominación de Origen Protegida. Unas 2000 hectáreas conforman la extensión y se sitúan en la parte suroccidental del Principado. Como de costumbre, el origen se vincula a un Monasterio, en este caso el de Corias en el siglo XI.
Aquí encontramos algunas variedades poco o nada conocidas como la albarín negra, el verdejo negro o la carrasquín si hablamos de las tintas y, hablando de blancas, la albarín blanca, la albillo o la moscatel de grano menudo, entre otras variedades aceptadas.
Me gustan de Asturias
La Media Vuelta Mencía y Carrasquín de Bodegas las Danzas, y el Siluvio Albarin Blanco de Bodegas Siluvio
Cantabria
A los embajadores de marca Cantabria, Revilla y Bustamante, se les llena la boca cuando hablan de su tierra y no es para menos ya que nos encontramos ante una de las tierras más bonitas y ricas de nuestro mapa. Las Cuevas de Altamira, las anchoas, los quesos… ¿y los vinos? Pues también hay vinos. Concretamente hay dos IGP’s: la Indicación Geográfica Protegida Vinos de la Tierra Costa de Cantabria y la Indicación Geográfica Protegida Vinos de la Tierra de Liébana.
En la primera, hacen los vinos producidos en la zona vinícola de la Costa de Cantabria y los valles interiores hasta la cota de 600 metros. Las variedades de uva utilizada para vinos blancos son godello, albillo, chardonnay, malvasía, hondarrabi zuri, picapoll blanco y verdejo blanco entre otras; y para tintas: hondarrabi beltza y verdejo negro como destacables, pero hay más. Su extensión es muy pequeña y hasta hace muy poco no superaba las 8 hectáreas.
En el caso de la segunda IGP, Incluye a los términos municipales de Potes, Pesagüero, Cabezón de Liébana, Camaleño, Castro Cillorigo y Vega de Liébana, situados en la comarca de Liébana, al suroeste de la provincia de Cantabria, lindando con las provincias de Asturias, León y Palencia. Las variedades autorizadas para la producción de estos vinos son en la variedad tinta mencía, tempranillo, garnacha, graciano, merlot, syrah, pinot noir, albarín negro y cabernet sauvignon y en las variedades blancas: palomino, godello, verdejo, albillo, chardonnay y albarín blanco, entre otras.
Me gustan de Cantabria
Viña Mar Godello de Bodega Pago Casa del Blanco y el Lusia Tinto de Bodega Cayo
Euskadi
Una tierra que enamora por su gastronomía, por sus rincones y por sus gentes. Aquí encontramos vinos singulares como son los de tipo txacolí. De hecho, este tipo de vino da nombre a tres de las cuatro Denominaciones de Origen que existen en Euskadi: Txacolí de Bizkaia, Txacolí de Araba y Txacolí de Guetaria. Por motivos más que obvios, me salto la gran Rioja Alavesa y sus joyas que merecen un artículo por separado.
No vamos a dar a ninguna de las tres más protagonismo que a las otras para que no se nos enfade ninguno. En el caso de Bizkaiko Txakolina estamos hablando del territorio que comprende Vizcaya, Arabaco Txakolina situada en Álava y Getariako Txakolina en Guipúzcoa. Tiene un nexo en común que parte de un único vino: el txacolí.
Su origen se remonta al siglo XII, palmo arriba o bajo, y deriva de “etxeco ain” que viene a significar “lo justo o necesario para casa”. Son vinos frescos y muy singulares elaborados con las variedades hondarrabi zuri (blanca) y hondarrabi beltza (negra).
Aunque mucha gente asocie el txacolí a vino fácil de copeo (que también) podemos encontrar auténticas joyas gastronómicas que acompañan a todo tipo de cocina tradicional vasca, incluido el famoso chuletón y que normalmente se asocia más a los vinos tintos.
Me gustan de Euskadi
Kirkilla de Bodegas Ameztoy, Tantaka tinto de Bodegas Tantaka y BIkandi 50 de Bodegas Bikandi
NOTA: Como todos sabeis, Vinos y Restaurantes es una revista impresa por lo que añado las imágenes del artículo en su número 262 de junio de 2024.



