Enclavada en Tarragona, ubiquémonos nombrando la Sierra del Montsant, la de Llaberia y la de Santa Marina, amén de las montañas de Prades, y así, entre montañas y relieve accidentado, encontramos la comarca del Priorat que emerge como un auténtico tesoro enológico. Con una rica historia que se remonta a siglos atrás, esta zona vinícola ha experimentado un renacimiento en las últimas décadas, ganando reconocimiento mundial por la calidad excepcional de sus vinos según algunos, y después explicaremos esta puntualización que divide entre partidarios de su ensalzamiento y detractores por los precios de algunas de sus firmas más representativas.
 
Historia, Leyenda y Tradición
La historia vinícola de Priorat tiene raíces profundas que se extienden desde la Edad Media, cuando venidos desde Francia, los monjes cartujanos llegaron a esas tierras. Pero no explicar por qué se quedaron en este enclave concretamente, sería como no explicar el origen de la magia de sus vinos.
La leyenda cuenta como el Rey Alfonso II el Casto envió a dos caballeros a recorrer el país para localizar un sitio idóneo para que la orden de los cartujos, procedentes de la Provenza, se instalase en Cataluña. Una vez llegados a los pies de Montsant les llamó la atención la singular belleza del lugar y preguntaron a un pastor sobre el enclave. Entonces, el pastor les relató un suceso sobrenatural que acontecía desde hacía tiempo en el corazón de aquel valle: en el pino más alto aparecía una escalera por donde subían y descendían los ángeles. Raudos, los caballeros informaron al monarca y éste, ofreció el lugar a la orden.
Los cartujos, se establecieron en 1194, y levantaron el altar del templo dedicado a Santa María en el punto donde se encontraba el árbol de la leyenda. En 1215, se inaugura La Cartoixa de Scala Dei, y así, la leyenda dio nombre al monasterio y a la vez generó la iconografía de esa escalera presente en el escudo de la DOQ y en tantas otras imágenes del Priorat, comarca que lleva el nombre por la influencia del Prior de la Orden.
Fueron estos monjes quienes introdujeron las técnicas de cultivo de la vid en la región y comenzaron a comerciar con vinos que rápidamente ganaron reputación y que en muchos casos conseguían al recibir de las gentes de los pueblos circundantes el diezmo en vino: El vino de Dios.
 
Siglos después y con la Desamortización de Mendizábal en 1835, los monjes desaparecen y cinco familias compran en subasta las tierras y forman la Sociedad Agrícola la Unión en 1844. En 1878 embotellan por primera vez con la marca Priorat y en la Expo de París de ese mismo año, reciben el primer reconocimiento en el pabellón de agricultura obteniendo una medalla de oro, lo cual repiten en la Expo de Barcelona en 1888. La filoxera y la Guerra Civil truncan el avance del vino y es en 1954 cuando se crea la DO Priorat, pero la Q de calificada aun no aparece hasta casi medio siglo más tarde.
El Priorat en el mapa
En 1974, esta sociedad se refunda recuperando el nombre del monasterio de Scala Dei, y junto con otras bodegas inician la primera etapa de vinos embotellados, pues al igual que en otras regiones, sólo se vendía vino a granel. Esta primera etapa da lugar a una segunda y quizás más importante ya que es gracias a ella que los vinos del Priorat se posicionan en el mercado y la comarca aparece en el mapa internacional. Para esta segunda etapa debemos nombrar inequívocamente a esos locos del terroir y que fueron los que introdujeron conceptos más propios de la borgoña y variedades foráneas que fueron adaptando a un paisaje abrupto y complejo. Aquí es donde aparecen los “closes” de los cinco magníficos del Priorat y que han sido incluso motivo de uno de los largometrajes documentales dedicados al vino más importantes de nuestra historia vitivinícola. Esta élite del mundo del vino la componen René Barbier, Daphne Glorian-Solomon, Álvaro Palacios, José Luis Pérez y Carles Pastrana. Este quinteto revolucionó, no solo el vino catalán sino también el del resto de España y el mundo, a principios de los años 80 y sucesivos.
Geografía única y Terroir
La DOQ Priorat es singular y excepcional y eso, es algo innegable y que puede verse a primera vista nada más llegar a la zona. Es la comarca de la llicorella por excelencia: la pizarra. Si miramos el mapa de la región y no el de la denominación vemos una especie de huevo frito. Pues la parte de la clara sería la denominación Montsant y la yema sería la denominación Priorat. Y aunque la vecina Montsant elabora maravillosos vinos sobre suelos argilosos y calcáreos, Priorat cuenta con esa especial connotación que aporta la pizarra, y, sobre todo, la orografía que hace que se tenga que cultivar la vid en costers o cuestas con pendientes tan pronunciadas que obliga, en algunos casos, a construir terrazas. Muchos califican la viticultura en Priorat de heroica por la dificultad que entraña trabajar en las escarpadas paredes casi verticales y unas condiciones climáticas realmente adversas.
Con escasa pluviometría, oscilaciones térmicas entre el día y la noche y un sol que calienta la pizarra que refracta temperaturas muy altas y que provoca altas concentraciones en los viñedos que ocupan unas 2000 hectáreas muy repartidas y que difícilmente puedan crecer. La tierra, en Priorat, tiene nombre propio. Y ese nombre es el que da a los vinos nombre desde el lugar donde proceden. De hecho, cuentan con una rigurosa clasificación con forma piramidal ascendente y que empieza desde la base con los vinos de la DOQ Priorat; eclécticos, transversales y abiertos a la experimentación. Los Vins de Vila que expresan la tipicidad de cada una de las poblaciones originarias. Los Paratges que aúna parcelas diversas y que pueden ensamblarse y ofrecer una compleja tipicidad dentro de ese entorno natural. La Vinya Classificada que como su propio nombre indica es una viña única y de virtudes excepcionales. Y, por último, la Gran Vinya Classificada, en lo más alto de la clasificación representando las joyas vitícolas más exclusivas.
Uvas Emblemáticas: Garnacha y Cariñena
Aunque antes hemos nombrado la introducción de uvas foráneas en las décadas de los 70-80. Las variedades reina son la garnacha y la cariñena, ambas tintas y ambas también recomendadas por el Consejo Regulador versus las otras autorizadas. Hablar de estas dos variedades y resumirlas en unos pocos párrafos es bastante atrevido, por lo que dejaremos al lector que se nutra de la ingente información que podemos encontrar de estas variedades que conforman el ADN del Priorat. Pero, cuidado con dejar atrás las otras, cabernet sauvignon, merlot o syrah son protagonistas en vinos excepcionales de esta renombrada y exclusiva región. Una parte menos consumida y conocida del Priorat son los vinos blancos o sus excepcionales vins rancis.
Los vinos y sus precios
Desde siempre, los vinos del Priorat han sido calificados como “vinos caros” pero, no siempre se explica correctamente porque esto es así. Volvamos a algunos párrafos atrás donde hablábamos de la escarpada orografía, de la dificultad para vendimiar en zonas prácticamente verticales, con viña muy vieja que apenas da unos racimos de muy pocos gramos y que dan una escasa producción, con el estrés hídrico que sufren las plantas y con las altas temperaturas y concentraciones… ¿seguimos? A esto vamos a añadir un valor extraordinario que, esta presente en algunos vinos y que es la longevidad. La vida de una botella es lo que diferencia un buen vino de un vino excepcional. Es cierto que, el marketing, la intervención de ciertos marchantes, las preventas y las puntuaciones de ciertos gurús del vino, disparan los precios.
Pero esto pasa en todo, no solo en el vino. Podemos encontrar vinos a precios más o menos asequibles y fantásticos, y vinos a precios prohibitivos, y solo destinados a una élite conformada por unos pocos que puedan permitirse el lujo de pagar más de mil euros por una botella de vino del Priorat para merendar. Bueno… C’est la vie.
Y hoy, no os voy a poner mi selección porque no quiero parecer frívolo.
 
 NOTA: Como todos sabeis, Vinos y Restaurantes es una revista impresa por lo que añado las imágenes del artículo en su número 258 de Febrero de 2024.

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