Parece que en la época estival apetezca más el vino rosado, aunque, al igual que las bicicletas, no solo son para el verano. Lo cierto es que estos atractivos vinos, son trendig topic.

Aun siendo España uno de los países que más vinos rosados producen, no es precisamente uno de los que más los consumen, siendo Francia y Estados Unidos los que se encuentran en lo alto del ranking. Sin embargo, bebemos poco rosado y, además, en una época en concreto o en unas determinadas circunstancias.

Los rosados encierran
muchas más dificultades
técnicas que otros
monocromáticos

Si nos dejásemos llevar por la nomenclatura o las legislaciones, el tema de llamar rosado o clarete a ciertos vinos podría ser tremendamente tedioso. Que si la utilización de uvas tintas solo. Que si la utilización de uvas blancas y tintas. Que si el sangrado. Que si el tono del color… Dejando aparte lo que para uno es correcto o para otro es un sacrilegio, y lo llamemos de una u otra manera, podemos disfrutar de unos vinos que, muy al contrario de lo que mucha gente pueda pensar, encierran muchas más dificultades técnicas que otros monocromáticos.

Y es que muchos consumidores, cada vez menos cabe decir, han pensado durante mucho tiempo que el vino rosado es el patito feo de las bodegas ya que, se creía erróneamente que la uva de peor calidad y que no servía para elaborar blancos o tintos, se destinaban al rosado, además, con historias juradas de “ver” como mezclaban la mitad de blanco y la mitad de tinto y ya estaba el rosado hecho. Que mala es la ignorancia.

Esa misma ignorancia, es la que vincula los rosados a las mujeres o a los aperitivos, o a decir que un vino rosado debe ser más barato porque es de menor calidad. Estas y otras sandeces de mayor o menor calibre han acompañado de manera denostable a los injustamente maltratados rosados. Lo de que los jóvenes beben más rosado ahora que antes, no es mucho más cierto. Los jóvenes no beben demasiado vino y, si lo hacen, se van a tendencias mucho más “cools” con los vinos en lata o los frizzantes por su dulzor y su bajo alcohol. Es posible que los rosados les resulten más atractivos por sus aromas muy fáciles de identificar y su sabor afrutado, pero, son los “winelovers” los que van ampliando sus gustos y, entre ellos, están los vinos rosados.

Vinculación Geográfica

La vinculación geográfica muchas veces tampoco ha ayudado a que en algunas ocasiones se pidiera vino rosado por que “ahí solo hacen rosado, ¿no?”. De hecho, incluso el color se vincula a determinadas zonas y, por supuesto, esto, ya no es así. La intensidad cromática no tiene nada que ver con la calidad. El color es muchas veces una consecuencia y otras un objetivo, pero en la inmensa mayoría de los casos tiene mucho más que ver con los sabores y los aromas que con la tonalidad. Colores asalmonados o piel de cebolla, o colores vivos y chillones. En ningún caso hay que fiarse solo del color, ya que podríamos ver un rosa un tanto teja y pensar que está fuera de fecha y resultar un maravilloso crianza.

Es precisamente es amplísima gama de aromas la que convierte a los vinos rosados en versátiles y altamente gastronómicos, muy al contrario de lo que se pensaba hasta no hace tanto. Las posibilidades de armonías son amplias y, pese al comentario del cuñadísimo que pide rosado porque “hay carne y pescado”, este vino puede servir de principio a fin de una comida y funcionar perfectamente.

Los vinos rosados más
versátiles para armonizar una
comida son los espumosos

Unos de los vinos rosados más versátiles para armonizar una comida son los espumosos. A la paleta cromática y aromática de los vinos rosados, si añadimos el carbónico como elemento conductor de los sabores, la combinación puede resultar casi perfecta en muchos casos. Independientemente de la procedencia del vino en cuestión, el espumoso rosado aporta un plus de glamur, elegancia y frescura. Y fíjate que, ahora que vamos de cara al verano, buscamos vinos más frescos y la efervescencia ayuda a encontrar esa agradable sensación.

No solo cuando
suben las
temperaturas…

Es justo aclarar, que, en verano, muchos vinos rosados jóvenes están en su punto álgido y pletórico, y eso ha hecho que se asocie el rosado al verano, pero, en cambio otros, precisan del tiempo para expresar todas sus virtudes, hablando de los vinos tranquilos. Si hablamos de los espumosos, la cosa puede variar ostensiblemente ya que podemos disfrutar mucho con un fresco doce meses de segunda fermentación o con un coupage de varias añadas y larga crianza.

Mis favoritos

Como no soy muy amante de los rankings, os nombro unos cuantos rosados que me gustan, pero sin posicionarlos.

Pàl·lid Rosé de Torelló, un maravilloso espumoso de Corpinnat

Larrosa de Izadi, una recuperación clásica de La Rioja

Susucaru Rosato, de Frank Cornelissen, un rebelde

Dehesa de Luna Rosé, un cabernet sauvignon de Albacete

Nicolas Feuillatte Reserve Exclusive Rosé, champagne poco conocido y singular

Vila Closa Rubor, una garnacha tinta de Terra Alta

Homenaje Rosado, un clásico de Navarra, pero de corte renovado

Chateau Miraval, la Provenza más cinematográfica y sensual

Rosaleda, de Marimar Estate en California

Brundlmayer Rosé, un espumoso de Austria a conocer

NOTA: Como todos sabeis, Vinos y Restaurantes es una revista impresa por lo que añado las imágenes del artículo en su número 226 de junio de 2021.

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